El arbitraje mexicano cada vez sigue empeorando, a pesar de la implementación del VAR hace tres años. Jornada a jornada siempre hay polémica por las decisiones del juez central. Muchos no entendemos el criterio que usa un árbitro para juzgar una jugada sin utilizar el VAR. Tal parece que se aplica a como Dios da entender, como anden ánimos, o si su equipo favorito esté o no jugando.
Son acusaciones directas, pero ante la falta de transparencia por parte de la Comisión de Árbitros, deja mucho a la imaginación para los críticos junto con aficionados que analizan y reanalizan las jugadas en cada repetición.
Es increíble que desde la televisión y desde la comodidad de un sillón se pueda ejercer mejor el arbitraje que los profesionales que estudian y se preparan constantemente para ejercer el oficio de árbitro, pero sucede que en algunos partidos no aplican lo aprendido o enseñado por sus mentores.
Un ejemplo significativo fue una jugada en el área chica en el Atlas Vs. América, donde el silbante marcó pena máxima para los de Coapa sin que hubiera una falta que avalara la decisión. El árbitro sólo escuchó lo que sus colegas le recomendaron, y aunque los de cabina también son profesionales, quien es el responsable del partido es el central.
Este y otros casos graves se han presentado en este torneo y eso que apenas van siete fechas del Guardianes 2021. Aquí la pregunta sería ¿es necesario el VAR? Si bien ese sistema electrónico lo paga la Liga MX, eso significa que es iniciativa privada y no repercute en el recurso público, sin embargo, sí es cuestionado su uso en México.
Son más de 260 millones de pesos anuales que se gastan en dos torneos. Se menciona un gasto porque desde que se implementó el VAR se le ha quitado una parte de la emoción a futbol, aunque su verdadera función debe ser como un ayudante para ser más justos al momento de una jugada.
Sin duda a la Comisión de Árbitros le falta trabajar en mejorar a los silbantes o conseguirse mejores, porque evidentemente hay una crisis arbitral. El VAR no es malo, ese sistema simplemente repite jugadas y hace rectificar al árbitro, pero son ellos mismos los que se resisten a aceptar su error, y a ojos tercos buscan la manera de seguir en el desacierto.