Antenoche fue inolvidable para este picateclas que por poco da el viejazo.
Los guadañazos de la muerte se escucharon en la habitacion 200 del segundo piso del IMSS y en cuestion de pocas horas se llevó dos enfermos vecinos.
Es indescriptible el dolor que se deestó entre los pacientes, los gritos, la desesperación, la petición de clemencia a Dios, lo inerme que se ven las gotas de medicamente que entran al cuerpo enfermo, en etapa terminal.
No importa edad ni sexo, las enfermedades se aceleraron y fue con un guadañazo de la muerte como terminó la desigual lucha para algunos.
Al amanecer, enfermeras y doctores reiniciaban el ritual de suministrar medicamentos, platicar sobre avances.
Pregunté a una enfermera sobre la cantidad de muertos al dia, por semana, en cada cuarto, cada piso y en el hospital en sí.
Una sonrisa nerviosa de la joven enfemera fue excusa para no hablar de números.
«Cuídese para que se vaya pronto de aquí», dijo la enfermera de unos 23 años. «Nosotras nos quedamos aqui porque es nuestro trabajo…y nos esperan muchas noches como esa».
Imagine el lector el diario vivir de las enfermeras y doctores. A pesar de las carencias, los de blanco hacen su trabajo y también cargan sobre sus hombros un enorme peso emocional.